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Al estilo Pete Nelson

La rutina de siempre, salir corriendo del trabajo, recoger a los niños en el cole y todos a la mesa a comer, silencio… empieza “Pete Nelson” a contarnos cómo hace esas casas en los árboles. Otro día más, recogida niños, comida y “Mi casa en un árbol”…. así todos los días uno, otro, y otro, y por fin, entre comida y el Sr. Nelson empecé a tener una idea en mi cabeza. Cada capítulo le añadía una idea nueva a mi sueño, la madera, el ventanal, el interior… y de pronto tenía ya un primer boceto en mi ordenador. Ya no hay marcha atrás, voy a construir una casa de madera en mi terraza, y no la quiero de esas prefabricadas, quiero una casa de las de Pete Nelson.

Empezamos el proyecto

Creo que una de las cosas más difíciles fue hacer ver a mi mujer la idea de  crear una mágica cabaña de madera en la terraza. Yo lo tenía en mi cabeza, lo veía claramente, pero, ¿Cómo se lo explico a ella?

 -Míralo por el lado bueno, vas a tener un espacio para poder pintar tus cuadros, un lugar donde ver atardecer y que jueguen los niños… (y un despacho para mí con canal plus y fibra óptica)-

Así poco a poco, fue naciendo Pete en mí, poco a poco conseguí crear la ilusión en casa. Sin duda al que más le gustaba la idea era a mi querido hijo mayor, que diariamente me preguntaba cuando íbamos a construir la casa.


construyendo la cabañaPlano, idea clara, y familia convencida, ahora creo que viene lo más sencillo, encontrar quién me la pueda construir, y empecé a buscar empresas de carpintería, construcción, algún chapucilla.

Días esperando y nada, nadie mandaba un presupuesto y nadie quería hacer semejante tontería. ¿Cómo iba hacer una cabaña en una terraza en plena ciudad?

Primeras dificultades

Es increíble como en este país con tanto paro, hay tanta gente que no quiere ni darte un presupuesto. Lo de trabajar ya era pedir demasiado, pero tuve la suerte de conocer a un personaje dispuesto a hacer el trabajo. El típico que sabe de todo, cogió mi plano y manos a la obra se lanzó a prepararme un presupuesto.

Después de unas semanas se presentó sin presupuesto, sin nada; sin ganas de trabajar… al menos conseguí una empresa en mi ciudad donde hacían madera preparada para exterior y cortada a medida. Este dato fue clave en la cabaña, este personaje no consiguió traer ni un solo precio pero me dio la pista de “Pinar de Jola”una empresa de toda la vida muy cerca de mi casa.

Me puso en contacto con el gerente, fui a presentarle mi boceto, mi sorpresa fue mayúscula, el gerente de dicha empresa era un vecino mío que nos caía muy bien, pero nunca sospeché que trabajaba ahí, en realidad no sabía ni que existía Pinar de Jola. Así que Jesús dio luz a mi proyecto, me enseñó cabañas que él había hecho por todo España y me hizo un presupuesto. Con cariño y dedicación me preparó dicho proyecto y ahí fue cuando supe que algún día tendría una cabaña en mi terraza.

Tenía ya el material y a un tipo que se comprometido a construirla él solo, en un par de sábados, así sin más, ahora solo queda esperar …. una semana, un mes, paso la Navidad y este señor (por decir algo) no aparecía.

Llevaba la madera en mi terraza amontonada varios meses y el artista sin dar señales de vida, al final resulto que estaba lesionado y que no podría construirla, me hizo perder meses pero me dio la oportunidad de esta gran aventura.

Cosas de la vida, gracias a su lesión e informalidad pude crear mi sueño.

La aventura comienza aquí

Le comenté a mi primo que dónde podía encontrar a alguien que construyese la cabaña, y me dijo que el marido de mi prima sabía de madera y era un manitas. Enseguida  le pedí precio para poder construirla, y sin despeinarse me dijo claramente: –yo no te cobro nada pero me invitas a unas copas… eso si, tú y mi cuñado (osea mi primo) me ayudáis.. la haremos juntos-.img_2078

Nunca hizo nada igual pero así surgió la cuadrilla de la muerte, mi tío Severo, mi Primo Jóse, mi primo Jorge (marido de mi prima) y yo, así empezó todo, un tornillo, una madera aquí, una allá, empezamos a construir el suelo, días enteros sin parar, aprendiendo mientras nos equivocábamos, aunque Jorge siempre lo tenía todo claro.

Los conocimientos y experiencia de Jorge, el buen hacer de José y la perseverancia de Severo, hicieron mi sueño realidad.  Yo el más torpe de los cuatro, el día que no molestaba solo podía acompañar y ayudar en lo que me mandaban, esto eran palabras mayores y nada que ver a poner un cuadro en casa, niveles, herramientas, una aquí, otra allá.

Todo empezó a tomar cuerpo, un fin de semana,otro y otro, la cosa iba funcionando, entre madera y madera un poco de cerveza y algún pincho calentito, era pleno mes de febrero, cada vez que veía a estos tres máquinas, había que estudiar cómo hacer el siguiente paso. Ahora me acuerdo del iluminado que me dijo que lo haría el solo en un par de días, en fin, lo dicho, en paro y haciendo chuscas de iluminado, eso sí sabe más que google.

La cabaña ya es realidad

Las paredes ya levantadas, suelo puesto, y mi querido primo José y yo, nos propusimos a subir las planchas del techo por las escaleras hasta la terraza, planchas de 3 metros entre dos, no era buena idea, y no había maneras de subirla, y en pleno agobio como siempre la llamada del comodín, Jorge, marido de mi prima, el genio que ha ideado esta cabaña, se presentó allí con un vecino, con las ideas siempre claras, conseguimos subir el techo a la cabaña. Ese día faltó el maestro Severo, pero siempre fue el primero que vino y el último en irse, el más mayor y el que más daba el callo, a su manera, barulla, pero siempre dando el consejo de la experiencia.

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Por fin techo puesto y últimos detalles terminados, y al final lo más importante es que me siento más afortunado que Pete Nelson, está claro que tengo mejor equipo que él, y hemos conseguido construir nuestra cabaña en la terraza.

El otro día puse el último tornillo, más de 1000 en total, y me sentí un poco triste -ya se ha terminado todo-; ya no me queda tabla que poner; y ya no me quedan horas de disfrutar del mejor equipo. Ahora mi familia está encantada con ella, y yo… me siento delante de ella y siento el orgullo de haberla construido con mis propias manos, con sus imperfecciones, su olor a madera, su recuerdo y el esfuerzo que nos ha costado terminarla, sin duda así sabe mejor.

Mi hijo me dijo:-papá, y…¿Ahora que te vas a inventar?-.

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Este texto solo puedo dedicárselo a las personas que hicieron posible este sueño, Severo, José y Jorge, sin vosotros nadie hubiese construido esto así, y sobre todo, nadie hubiese construido una ventana tan chula, GRACIAS.

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Director Creativo

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